1.- PREMIO DE HONOR A LA LIBRERÍA OCHO Y MEDIO
2.- CINE ECUATORIANO

PREMIO DE HONOR A LA LIBRERÍA OCHO Y MEDIO POR SU CONTRIBUCIÓN A LA DIFUSIÓN DE LAS ARTES CINEMATOGRÁFICAS.

Ocho y medio.- Una pequeña historia.

Como la mayoría de las cosas en esta vida, la casualidad juega un papel importante en el nacimiento de Ocho y Medio, como librería de cine.Jesús Robles Ruiz (Madrid 1958) y María Silveyro García-Alzorriz (Bilbao 1959) cruzaron sus caminos personales y profesionales en 1975 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Allí se licenciaron en Sociología, especialidad de Antropología Social, y en Ciencias Políticas, especialidad de Relaciones Internacionales.
Tras diez años de trabajo en empresas relacionadas con el comercio exterior, nada hacía presagiar que acabarían montando y dirigiendo una de las más prestigiosas librerías de cine a nivel internacional. Si es cierto que los libros eran una de sus pasiones, y que el cine se encontraba también entre ellas, como la música, el arte, o los viajes.
Aquí es donde el factor casualidad aparece en sus vidas. Un amigo gestionaba la pequeña librería que existía desde hacía años en los sótanos de los Cines Alphaville, y quería cambiar de vida. Ellos, por distintas circunstancias, también querían dar un giro a su actividad. Total que se vieron a cargo de este diminuto espacio, donde se mezclaban, carteles, fotos y también algunos libros.
Aquí es donde empieza realmente Ocho y Medio. Unos meses después se dieron cuenta de que el espacio limitaba lo que tenían en mente. Algo muy simple, una buena librería de cine, tal como ya existían de Medicina, Arquitectura o de Derecho. Para esto el espacio era una limitación.
Encontraron un local, en la misma cinéfila calle de Martín de los Heros, a una manzana escasa de la ubicación de los cines. Esto ya permitía abrir mañana y tarde, y no sólo en el horario de los cines. El cambio de lugar trajo consigo el cambio de nombre. La elección fue clara, aunque difícil. Un nombre que refiriera inmediatamente al cine, preferiblemente de un director admirado, y europeo. Ocho y Medio fue la elección. Ya estaba claro en aquel momento, una cierta amplitud de miras; 8 ½ tenía una ventaja, era una de las pocas películas, que en cada idioma se dice de una manera, pero que su número hace que en cualquiera de ellos se piense en cine.El proceso desde entonces fue de un trabajoso, duro y complejo ir cada vez un poco más allá. El local se quedó pequeño, y hubo que alquilar una segunda planta. Años más tarde encontrarían su ubicación actual, justo enfrente de los cines donde nacieron, ahora llamados Cines Golem, y donde esperan resistir unos cuantos años más.Durante esos años los libros sobre cine fueron creciendo en sus estanterías, ampliando secciones, dedicando gran parte del espacio a los libros formativos. Como consecuencia ya existe una generación de jóvenes realizadores, o trabajadores de otras áreas de la producción audiovisual, que nacieron formándose en los libros comprados en la librería. Desde siempre además se convirtió en un punto de encuentro entre cineastas, actores y gente aficionada al cine, sin renunciar a convertirse en un lugar abierto para todos, y no un simple reducto de cinéfilos.
Una cosa trajo la otra, y desde hace mas de 5 años, se convirtieron también en una pequeña editorial, en cuyo catálogo tuvieron cabida primeramente los guiones de películas de muchos de los directores /amigos que pasaban por allí, y después cualquier libro interesante que contemple el cine desde cualquier perspectiva.
Parece que no lo han hecho demasiado mal, o que al menos su esfuerzo se ha visto recompensado, primeramente por los medios de comunicación, y después por los propios profesionales del cine, puesto que entre los premios que han recibido, están el González Sinde, de la Academia de Cine español, el Premio del Circulo de Escritores Cinematográficos, el de la Unión de Actores, y otros premios de diferentes festivales españoles. Participan activamente en todas las actividades, no sólo relacionadas con los libros, sino con la profesión cinematográfica, habiendo sido jurado en diferentes certámenes, y participando en bastantes festivales tanto españoles como extranjeros.
La librería Ocho y Medio, de modestos orígenes, puede considerarse una de las librerías de referencia a nivel mundial. Pero el mayor orgullo de sus propietarios es que la gente del cine les considere “Uno de los nuestros”. Y nos consta que este premio les enorgullece, les emociona, y lo agradecen, sobre todo por venir de la mano de gente del cine, y de un certamen ya tan prestigioso como este.



CINE ECUATORIANO (BREVE RECORRIDO POR UN CINE EN CONSTRUCCIÓN)

por Javier Izquierdo

A pesar de sus tempranos inicios en la época del cine mudo, el cine en el Ecuador ha sido una actividad tremendamente discontinua, caracterizada por la ausencia de mecanismos de fomento, tan importantes para otras cinematografías, lo cual de alguna manera se ha visto compensado por la irrefrenable voluntad y esfuerzo de algunas individualidades.

Sin embargo, si revisamos la historia del cine ecuatoriano, uno de las cinematografías latinoamericanas menos conocidas pero no por eso inexistente, nos encontraremos con algunos puntos altos y una que otra sorpresa.

Inicios

Mientras el salesiano Carlos Crespi recorre la selva ecuatoriana filmando los primeros documentales etnográficos (entre los que se destaca “Los invencibles Shuaras del alto amazonas”), un joven guayaquileño llamado Augusto San Miguel funda la “Ecuador Film Co.”  Empresa a través de la cual, produce, dirige y protagoniza las primeras películas de ficción realizadas en el país: “El tesoro de Atahualpa” (1924), “Se necesita una guagua” (1925) y “Un abismo y dos almas” (1926).  Sus películas, que recrean temas identitarios con un especial interés por la problemática indígena, se exhiben con éxito en las principales ciudades del país.Luego de este intenso comienzo, el advenimiento del cine sonoro detiene a la incipiente industria, y se produce un “vacío” de más de veinte años.  Recién en 1950 se estrena la primera película sonora, “Se conocieron en Guayaquil” de Paco Villar, y durante las próximas décadas, aparte de la producción televisiva, algunas co-producciones de corte comercial con México en los años 60, y el trabajo en el país del importante cineasta boliviano Jorge Sanjines en los años 70, hay poco que destacar.

Sin embargo, a finales de los setenta se crea ASOCINE (Asociación de Cineastas Ecuatorianos), que comenzará a luchar, infructuosamente, por una ley de cine, y poco tiempo después, la Cinemateca Nacional. Ambos entes impulsarán el posterior desarrollo del cine en el Ecuador.

A partir de los años 80

No es hasta los años ochenta en que se puede volver a hablar de un cine ecuatoriano.
En la primera mitad de la década, un documental de corte social, “Los hieleros del Chimborazo”, de Gustavo Guayasamín, cosecha varios premios internacionales.  Al    mismo tiempo, dos largometrajes de ficción, “Mi Tía Nora” de Jorge Prelorán y “Dos para el camino” de Jaime Cuesta, se centran en temas urbanos.  Aunque estas películas no alcanzan el éxito comercial, se puede decir que preparan al público para un cine “hecho en casa”.

Es en la segunda mitad de los ochenta que el Ecuador produce lo que podríamos llamar un “autor cinematográfico”.  Se trata de Camilo Luzuriaga, que, proveniente del campo de la fotografía, comienza a realizar varios cortometrajes documentales y de ficción, producción que culminará con el largometraje “La Tigra” (1989), adaptación de la obra del escritor guayaquileño José de la Cuadra, uno de los precursores del realismo mágico.
La película se convierte en la más taquillera del año y da a conocer a Luzuriaga en el panorama cinematográfico regional.  Desde este momento, Luzuriaga luchará por desarrollar su obra, y prepara la ambiciosa adaptación cinematográfica de otra obra novela, de corte experimental, “Entre Marx y una mujer desnuda”, que se estrenará en 1995.

Mientras tanto, en la década del noventa, una nueva generación de cineastas, muchos de ellos formados en el extranjero, irrumpe en la escena con iniciativas como “Ecuador en corto”, una especie de “cooperativa” con la cual los cineastas se ayudan mutuamente en la filmación de sus cortometrajes.

De esta generación, destaca Sebastián Cordero, hermano menor de Juan Esteban y Viviana, que ya en 1990 habían estrenado un largometraje.  Con su estilo actual y desenfadado “Ratas, ratones y rateros” (1999) se convierte en un fenómeno cultural en Ecuador y logra un gran reconocimiento a nivel internacional.    

Pero “Ratas”, a pesar de ser un éxito de taquilla, por la pequeñez del mercado local, no alcanza a recuperar costos.  Esta situación paradójica de alguna manera ilustra la dificultad de hacer cine en el Ecuador.

La actualidad

El cambio de milenio trajo consigo el advenimiento de la tecnología digital.  Gracias en parte a esto, las cifras del cine ecuatoriano se multiplicaron: del promedio de una película cada tres años mantenido desde los ochenta, desde el 2000 se producen un promedio de tres películas anuales, sin contar el crecimiento en la producción de cortometrajes y documentales.

Así, en los últimos años, hemos visto películas como “Sueños en la mitad del mundo” de Carlos Naranjo, “Fuera de juego”, de Víctor Arregui, “Un titán en el ring” de Viviana Cordero y “Mientras llega el día” de Camilo Luzuriaga. 
Así como las más recientes, “Qué tan lejos”, de Tania Hermida, “Esas no son penas” de Daniel Andrade y Anahi Honeisen, “Cuando me toque a mí” de Víctor Arregui, y por último “Crónicas, de Sebastián Cordero, ambiciosa co-producción con México y próximo estreno en España, que lo consolida como el más internacional de nuestros directores.

Esta última producción se caracteriza por la variedad de temáticas (ya no se tratan sólo los tópicos urbano-marginales, sino también, entre otros, temas de época y de la clase media), la centralización de la producción en Quito, y el alto porcentaje de cineastas mujeres (a directoras como V. Cordero y T. Hermida se une la documentalista Yanara Guayasamín, con varios largometrajes a su nombre), y de co-producciones con otros países, principalmente europeos.

También es importante mencionar que en este momento el Ecuador cuenta con dos festivales de cine en constante crecimiento: "Encuentros del otro cine" (EDOC), festival internacional de documentales, que va por su sexta edición y "Cero Latitud", festival de cine iberoamericano, que va por su quinta.  Estos incentivan a la producción local a través de talleres y concursos. 

Pero sin duda lo que más ocupa a los cineastas ecuatorianos en este momento es la inminente creación del Consejo Nacional de cine.  Aprobado políticamente el año pasado (luego de varios años de lucha) y esperando viabilizarse a través de la asignación de recursos por parte del estado, el CNC administraría, por primera vez en la historia, un fondo para la producción nacional y permitiría, entre otras cosas, que el Ecuador se incorpore a Ibermedia, importante organismo de co-producción con España.

Esperamos que el CNC se concrete este año, para que el cine ecuatoriano siga creciendo y desarrollándose.

Si están interesados pueden encontrar mayor información en:
www.camilo-luzuriaga.net
www.cerolatitud.com
www.cncinecuador.blogspot.com